Siempre que se acercan las festividades de fin de año, aparecen personas con la curiosidad de saber cómo se celebra la Noche Vieja allá o acullá. Puede que no nos demos cuenta, pero dentro de esa diversidad de celebraciones, existe una unicidad en los actos ya que hace tiempo que existe el afán de consumismo, agudizado con la globalización. Como la San Silvestre (Saint-Sylvestre en francés) se resume en despedir el año que se acaba para recibir uno nuevo, la tendencia casi generalizada es la de querer pasar un nuevo año mejor que el anterior. Que hayamos tenido un buen año, o no. Y aunque sabemos que no existe la perfección, cada uno de nosotros tiene la intención de tener, junto a los seres queridos, un año de: felicidad, de prosperidad de salud, de larga vida, etc.
Sin embargo, una cosa es el deseo que tenemos, y otra cosa es su cumplimiento. Por eso, en ocasiones, nos invaden unos sentimientos contradictorios de alegría y tristeza, de seguridad y miedo, de optimismo y pesimismo. Esta mezcla de sentimientos contradictorios que se intensifica en tiempos de crisis, favorece a su vez todo tipo de supersticiones: en pocas palabras, muchas creencias religiosas se transforman en un paganismo consciente o inconsciente.
De esta manera, persiguiendo el cumplimiento de todos esos deseos, tanto a nivel global, como regional, local o personal, nos disponemos a ejecutar todo lo que nos planteamos como proyecto, a través de lo que consideramos “nuestra tradición”. Y digo “nuestra tradición”, porque da lo mismo que sea “nuestra” o de “otros”, si de lo que se trata es triunfar. Como ejemplo, algunas personas han cambiado sus hábitos alimenticios comiendo pavo porque “es lo que se come en Estados Unidos”, sin tener en cuenta la diversidad que caracteriza ese gran país. Por eso, queremos comer, vestirnos, comportarnos, etc., según lo que consideramos puede favorecer el cumplimiento de nuestros deseos. Pero, si nos ponemos a averiguar lo que llamamos nuestras tradiciones, nos damos cuenta de que todo se resume en un consumismo descontrolado, desenfrenado, porque en muchos casos, lo religioso se traslado a un segundo plano, y nada tiene que ver con la religión que se practica. Veamos:
En países musulmanes como Túnez, Marruecos, Senegal, o Malí por ejemplo, la San Silvestre no tiene nada que ver con la religión, sino con el aspecto comercial que se sustenta en la publicidad. Pero su grado de aceptación no es el mismo en las grandes ciudades como en los campos. En esos países, los que se consideran más liberales se dirigen hacia discotecas, restaurantes, dispuestos a comer lo que hay que comer, y beber champán (una cosa es ser musulmán, y otra cosa es ser practicante); aunque la mayoría de los que celebran la San Silvestre lo hacen en familia, a través de sus platos favoritos: platos autóctonos, mariscos (como en España), pollo con patata, hasta un simple té. Lo importante es que a esa fecha, es difícil hacer la distinción entre practicantes de una u otras religiones, cuando algunos católicos se dirigen primero hacia sus iglesias, entre las 22 y las 24 horas, para luego dedicarse a sus distintas actividades.
La indistinción entre prácticas religiosas no es algo nuevo, ya que se trata primero de celebrar lo que empezó por el nacimiento del Niño Jesús (hijo de Dios para algunos, y Profeta para otros), nacido el 25 de diciembre en un sitio conocido como Belén por algunos, y como Bethlehem por otros. Luego, según las creencias, el niño fue bautizado (aunque ya mayor) el 1 de enero, siguiendo quizás la tradición musulmana según la cual el niño se bautiza al octavo día de su nacimiento.
Pero en otros países también musulmanes como Mauritania, lo normal es celebrar la San Silvestre en familia, ya que a las 24 horas todas las discotecas están cerradas, y después de esa hora, cualquiera puede ser arrestado por la policía. Aquí, hasta las actividades organizadas por los jóvenes pueden estar bajo control, prohibidas después de las 24 horas. En otros países, influyen más las razones políticas para enturbiar las festividades. Es el caso del Congo donde después de las elecciones consideradas de fraudulentas por algunos, los ánimos (pero sin olvidar también los bolsillos), no están para ninguna fiesta, aunque la costumbre es celebrarlo a lo grande.
Como podemos ver, las razones, muchas veces son diversas para celebrar el cambio de año. En Cuba por ejemplo, por coincidencia de fecha, o por casualidades de la vida, lo que se celebra mayoritariamente es el triunfo de la Revolución. Por eso algunos extranjeros muestran su extrañeza, y entre sus palabras se puede escuchar, “en mi país no se celebra así”, o “en mi país se celebra mejor”. Se pone de manifiesto el carácter consumista de la época, donde no sólo se quiere comer o beber una cosa u otra, sino también estrenar una prenda u otra. Se piensa que todo se hace mejor donde se cree que los medios están al alcance; de ahí que todos los pensamientos se dirigen hacia la familia, los seres queridos, etc. Más aun, en algunos países, después de garantizar la parte materialista del asunto, se decide mirar hacia la parte idealizada para satisfacer sus deseos sexuales. Y así, no importa que se tenga pareja o no, que se esté casado o no; lo importante es empezar bien el nuevo año, aunque sea engañando a la pareja.
Pero en realidad, lo importante es pasarlo bien, solo o con la gente deseada o querida, pensando en el resto del año, y en el otro nuevo año que ya está a la esquina. Lo importante es saber también que a pesar de todo, importan poco los medios de los que disponemos: pasará la noche de fiesta, y amanecerá dondequiera que hayamos pasado la noche, que hayamos dormido o no. Así, intentaremos de controlar las cuestas de enero que parecen instalarse, para todo el año. Mis mejores deseos de felicidad para todos, y para todas.
domingo, 1 de enero de 2012
lunes, 19 de diciembre de 2011
Lo mismo de siempre
Cuando todo el mundo busca las soluciones adecuadas para salir de la crisis, la balanza parece inclinarse hacia los planes de ajuste. En ese sentido, se habla de reducir el tamaño de nuestras administraciones, porque es la idea que parece compartir también los más perjudicados: es una política que seguirá perjudicando a la misma categoría de personas, las categorías empobrecidas de las sociedades. Solo hay que mirar hacia aquellos países que han venido experimentando los recortes, o los llamados Programas de Ajustes Estructurales (PAE) del FMI y del Banco Mundial. En esos países, mientras se habla de la recuperación económica, se habla también de un mayor empobrecimiento de los más pobres: mientras las riquezas se concentran en pocas manos, la pobreza ha ido afectando a más seres humanos.
Pero si los recortes causan tantos daños, ¿por qué se siguen aplicando? Para mí, la principal razón radica en que a la hora de tomar las medidas de austeridad, los primeros en ser consultados son los poderosos (se supone que en sus manos está la resolución de los problemas. De ahí que primeramente, ellos tienen que estar de acuerdo con esas medidas que solo se adoptarán si no les perjudican, o en el peor de los acasos, si se cree que los perjuicios serán menores para ellos. Pocas veces se plantean el reparto igual de las ganancias, aunque muchas veces sí, hablan sobre el reparto de las perdidas.
Para llegar a ese acuerdo, se necesita tiempo, porque se necesitan también muchos compromisos, que solo el tiempo dirá si cumplen. De no ser así, es difícil que se tomen las medidas. Sin embargo, mientras se van discutiendo esas medidas que seguramente les favorecerán, la visión que se proyecta a los perjudicados es otra, y puede tener varias vertientes; las principales son:
1. Eso, lo hacemos para vosotros: nos hemos comprometido en buscarles soluciones a corto o largo plazo a sus problemas.
2. De hecho, hemos decidido reducir o eliminar algunos puestos administrativos que pensamos son de poca importancia para vosotros.
Ya hemos visto que se trata de compromisos cuyo cumplimiento es hipotético. De hecho, hasta los mejores técnicos del FMI y del Banco Mundial siempre advierten las medidas tomarán sus tiempos para que puedan dar sus frutos. Es que el tiempo lo cura todo, como lo recoge el dicho: “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que se le resiste”.
El otro problema relacionado con las reducciones de puestos administrativos, tiene que ver con su engordamiento, o el enriquecimiento de sus responsables. ¿Qué significa eso? Primero, se eliminan las direcciones que no son indispensables. Luego, en su lugar, se crean otras subdirecciones indispensables, ocupadas por personas afines, que seguramente estarán cobrando por un cúmulo de tareas que podían ocupar otras personas. Finalmente, lo que se favorece es una descoordinación, ya que en cada dirección eliminada, puede aparecer un residuo de subdirecciones, una merma en la atención (¿dónde dirigirse?), una disminución de la rentabilidad, etc.
En resumen, todo lo que tendremos en manos serán las nuevas escobas que se supone deben barrer bien; pero en realidad, estaremos hablando de lo mismo de siempre.
Pero si los recortes causan tantos daños, ¿por qué se siguen aplicando? Para mí, la principal razón radica en que a la hora de tomar las medidas de austeridad, los primeros en ser consultados son los poderosos (se supone que en sus manos está la resolución de los problemas. De ahí que primeramente, ellos tienen que estar de acuerdo con esas medidas que solo se adoptarán si no les perjudican, o en el peor de los acasos, si se cree que los perjuicios serán menores para ellos. Pocas veces se plantean el reparto igual de las ganancias, aunque muchas veces sí, hablan sobre el reparto de las perdidas.
Para llegar a ese acuerdo, se necesita tiempo, porque se necesitan también muchos compromisos, que solo el tiempo dirá si cumplen. De no ser así, es difícil que se tomen las medidas. Sin embargo, mientras se van discutiendo esas medidas que seguramente les favorecerán, la visión que se proyecta a los perjudicados es otra, y puede tener varias vertientes; las principales son:
1. Eso, lo hacemos para vosotros: nos hemos comprometido en buscarles soluciones a corto o largo plazo a sus problemas.
2. De hecho, hemos decidido reducir o eliminar algunos puestos administrativos que pensamos son de poca importancia para vosotros.
Ya hemos visto que se trata de compromisos cuyo cumplimiento es hipotético. De hecho, hasta los mejores técnicos del FMI y del Banco Mundial siempre advierten las medidas tomarán sus tiempos para que puedan dar sus frutos. Es que el tiempo lo cura todo, como lo recoge el dicho: “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que se le resiste”.
El otro problema relacionado con las reducciones de puestos administrativos, tiene que ver con su engordamiento, o el enriquecimiento de sus responsables. ¿Qué significa eso? Primero, se eliminan las direcciones que no son indispensables. Luego, en su lugar, se crean otras subdirecciones indispensables, ocupadas por personas afines, que seguramente estarán cobrando por un cúmulo de tareas que podían ocupar otras personas. Finalmente, lo que se favorece es una descoordinación, ya que en cada dirección eliminada, puede aparecer un residuo de subdirecciones, una merma en la atención (¿dónde dirigirse?), una disminución de la rentabilidad, etc.
En resumen, todo lo que tendremos en manos serán las nuevas escobas que se supone deben barrer bien; pero en realidad, estaremos hablando de lo mismo de siempre.
lunes, 28 de noviembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
De la inmigración de no retorno a la posibilidad de retorno. Una historia de orgullo y de esperanza.
De lo que voy a hablar es de la película “La Puerta de No Retorno” que se estrena el viernes 25 de noviembre de 2001: me la han recomendado. Sí, subrayo lo de que me la han recomendado porque encierra un sentimiento de orgullo casi contagioso. Su director es Santiago Zannou, una persona que no conocía, pero que empecé a conocer desde aquel día de 2009 (si no me equivoco) a través de los premios Goya.
Como decía, no lo conocía; pero al escuchar su nombre, lo primero que me dije fue: “ese es de Benín”. Estaba yo, sólo frente al televisor, sin nadie con quien compartir. En efecto, se trata de esos apellidos que son endémicos, que difícilmente dan lugar a equivocaciones (no como el mío por ejemplo, “ALI” que se puede encontrar en distintos países de África Occidental, y sobre todo musulmanes, haciendo siempre pensar en la cultura árabe). Luego, entre los diversos comentarios, he escuchado decir que se trababa del “primer director de cine negro premiado en España”; es decir, un paso más hacia la normalización de nuestras relaciones sociales que normalmente (valga la redundancia), no tenían que basarse en el color de la piel, ni del género, ni de la clase, sino, en la persona como ser humano.
El año siguiente (en el 2010), tuve la oportunidad de conocer al padre del Director de Cine en una reunión que tuvimos los de Benín en Madrid. Él se presentó de esta manera: “me llamo Alphonse (Alfónz) Zannou, soy el padre de Santiago Zannou”. En su cara, se podía leer el orgullo de ser el padre de un premiado por el Goya; pero por otra parte, decía que sentía orgullo de ser uno más de Benín, a pesar de su largo tiempo viviendo fuera. Aunque otra vez nos encontramos en otro evento, no pudimos conversar como se debía (ya que los encuentros de ese tipo no lo permiten, solo intercambiamos nuestros datos para poder seguir hablando), he podido saber después algunas razones de su orgullo. Él las narra en esta película dirigida por su hijo, que ha decidido, a través de él, rendirle un homenaje a la inmigración en general.
Él encarna esa inmigración que dificulta el retorno debido a muchas peripecias. Salió de Benín cuando todavía el país se llamaba Dahomey, dirigiendo hacía Francia, porque era el único destino europeo accesible a los de Benín, por ser el país colonizador. Su primer destino parece ser la ciudad de Marsella, aunque después vivió en otras ciudades francesas. De esta manera pudo desengañarse sobre algunos prejuicios, como el de creer que algunos trabajos (como el de barrendero) estaban reservados a los negros como él. Quizás por eso estaba seguro que no le iba a faltar un puesto de trabajo al llegar a su destino. Al constatar que había franceses ocupando esos puestos, se lo contó a uno de sus primos que se quedó allá. Ese no se lo creyó, y pensó que se había vuelto loco, o que le estaba contando un sueño que había tenido.
Después de la experiencia francesa, llegó a España, pudiendo ser uno de los primeros residentes de ese “pequeño país”. Aquí nació Santiago, no hace falta hablar sobre las dificultades que él ha conocido aquí, ya que a pesar de su deseo de retornar, ése solo se cumplió 40 años después, de la mano de su hijo: el hijo fue que visitó primero la tierra que vio nacer a su padre. Ahí conoció la tumba de su abuela a la que prometió la próxima visita de su hijo. Cuenta que se ha dado cuenta que algunas ideas, algunos pensamientos siguen siendo iguales, intactos, porque al proponerles a los familiares de allá su intención de realizar esta película, no se lo creían; los que se lo creían pensaban que sería obra de los “blancos” que lo acompañaban.
Hay que recordar que la idea de no retorno está arraigada en la historia de Benín, y viene de la emigración forzosa a la que se sometía a los esclavos que salían del país dirigiéndose a Europa, y finalmente al continente americano, formando lo que se ha conocido como el comercio triangular (que unía esos tres continentes). En Benín, como muestra de la historia, todavía se puede visitar esa “puerta de no retorno”, para refrescarles las memorias hasta a los más incrédulos.
Si anteriormente existía esa puerta de no retorno, en la actualidad existe la posibilidad o la esperanza de poder retornar, a pesar de las dificultades que entraña la globalización que según Asensi (2004), hace posible que el capital sea global, y que el trabajo en su mayor parte siga siendo local. Lo que para él significa que “Mientras se liberalizan los movimientos de capitales (y, en menor medida, el comercio internacional) las condiciones legales y policiales relacionadas con la migración se endurecen extraordinariamente, impidiendo una circulación libre de los flujos” (Asensi, 2004: 12). Pero es una situación que según él, favorece la aparición de “distintas categorías de trabajadores con grados de protección decrecientes (fijos, temporales, informales, irregulares, ilegales) junto con la tendencia a dejar bajo mínimos la protección social de los trabajadores de los países centrales” (Asensi, 2004: 13). Así, a pesar de las actuales dificultades, siempre debemos recordar que existe la posibilidad de retornar; una esperanza que se cumplió en el caso de Alfónz Zannou.
Pero también se trata de ese orgullo casi contagioso que nos devuelve el tiempo, haciendo sentirnos de la misma familia, del mismo país, de una humanidad única. La película, me la ha recomendado el Consulado de Benín, seguro por ese mismo orgullo que sienten sus trabajadores que no todos son de Benín. En esos tiempos de mayores dificultades, es necesario tener esperanza; pero también el orgullo que nos permite mirarnos por dentro. A veces, lo que buscamos fuera está dentro de nosotros.
Como decía, no lo conocía; pero al escuchar su nombre, lo primero que me dije fue: “ese es de Benín”. Estaba yo, sólo frente al televisor, sin nadie con quien compartir. En efecto, se trata de esos apellidos que son endémicos, que difícilmente dan lugar a equivocaciones (no como el mío por ejemplo, “ALI” que se puede encontrar en distintos países de África Occidental, y sobre todo musulmanes, haciendo siempre pensar en la cultura árabe). Luego, entre los diversos comentarios, he escuchado decir que se trababa del “primer director de cine negro premiado en España”; es decir, un paso más hacia la normalización de nuestras relaciones sociales que normalmente (valga la redundancia), no tenían que basarse en el color de la piel, ni del género, ni de la clase, sino, en la persona como ser humano.
El año siguiente (en el 2010), tuve la oportunidad de conocer al padre del Director de Cine en una reunión que tuvimos los de Benín en Madrid. Él se presentó de esta manera: “me llamo Alphonse (Alfónz) Zannou, soy el padre de Santiago Zannou”. En su cara, se podía leer el orgullo de ser el padre de un premiado por el Goya; pero por otra parte, decía que sentía orgullo de ser uno más de Benín, a pesar de su largo tiempo viviendo fuera. Aunque otra vez nos encontramos en otro evento, no pudimos conversar como se debía (ya que los encuentros de ese tipo no lo permiten, solo intercambiamos nuestros datos para poder seguir hablando), he podido saber después algunas razones de su orgullo. Él las narra en esta película dirigida por su hijo, que ha decidido, a través de él, rendirle un homenaje a la inmigración en general.
Él encarna esa inmigración que dificulta el retorno debido a muchas peripecias. Salió de Benín cuando todavía el país se llamaba Dahomey, dirigiendo hacía Francia, porque era el único destino europeo accesible a los de Benín, por ser el país colonizador. Su primer destino parece ser la ciudad de Marsella, aunque después vivió en otras ciudades francesas. De esta manera pudo desengañarse sobre algunos prejuicios, como el de creer que algunos trabajos (como el de barrendero) estaban reservados a los negros como él. Quizás por eso estaba seguro que no le iba a faltar un puesto de trabajo al llegar a su destino. Al constatar que había franceses ocupando esos puestos, se lo contó a uno de sus primos que se quedó allá. Ese no se lo creyó, y pensó que se había vuelto loco, o que le estaba contando un sueño que había tenido.
Después de la experiencia francesa, llegó a España, pudiendo ser uno de los primeros residentes de ese “pequeño país”. Aquí nació Santiago, no hace falta hablar sobre las dificultades que él ha conocido aquí, ya que a pesar de su deseo de retornar, ése solo se cumplió 40 años después, de la mano de su hijo: el hijo fue que visitó primero la tierra que vio nacer a su padre. Ahí conoció la tumba de su abuela a la que prometió la próxima visita de su hijo. Cuenta que se ha dado cuenta que algunas ideas, algunos pensamientos siguen siendo iguales, intactos, porque al proponerles a los familiares de allá su intención de realizar esta película, no se lo creían; los que se lo creían pensaban que sería obra de los “blancos” que lo acompañaban.
Hay que recordar que la idea de no retorno está arraigada en la historia de Benín, y viene de la emigración forzosa a la que se sometía a los esclavos que salían del país dirigiéndose a Europa, y finalmente al continente americano, formando lo que se ha conocido como el comercio triangular (que unía esos tres continentes). En Benín, como muestra de la historia, todavía se puede visitar esa “puerta de no retorno”, para refrescarles las memorias hasta a los más incrédulos.
Si anteriormente existía esa puerta de no retorno, en la actualidad existe la posibilidad o la esperanza de poder retornar, a pesar de las dificultades que entraña la globalización que según Asensi (2004), hace posible que el capital sea global, y que el trabajo en su mayor parte siga siendo local. Lo que para él significa que “Mientras se liberalizan los movimientos de capitales (y, en menor medida, el comercio internacional) las condiciones legales y policiales relacionadas con la migración se endurecen extraordinariamente, impidiendo una circulación libre de los flujos” (Asensi, 2004: 12). Pero es una situación que según él, favorece la aparición de “distintas categorías de trabajadores con grados de protección decrecientes (fijos, temporales, informales, irregulares, ilegales) junto con la tendencia a dejar bajo mínimos la protección social de los trabajadores de los países centrales” (Asensi, 2004: 13). Así, a pesar de las actuales dificultades, siempre debemos recordar que existe la posibilidad de retornar; una esperanza que se cumplió en el caso de Alfónz Zannou.
Pero también se trata de ese orgullo casi contagioso que nos devuelve el tiempo, haciendo sentirnos de la misma familia, del mismo país, de una humanidad única. La película, me la ha recomendado el Consulado de Benín, seguro por ese mismo orgullo que sienten sus trabajadores que no todos son de Benín. En esos tiempos de mayores dificultades, es necesario tener esperanza; pero también el orgullo que nos permite mirarnos por dentro. A veces, lo que buscamos fuera está dentro de nosotros.
sábado, 22 de octubre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
Los pájaros tirando las escopetas
Robert Bourgi (abogado francés, pero de origen senegalés y libanés), es conocido como el hombre de las penumbras porque era el encargado de llevar y traer los recados entre gobernantes africanos y dirigentes franceses; entre esos trámites reconoce haber entregado un total de 20 millones de dólares a través de maletas a Chirac y De Villepin. Como es de esperar, varios de los países que han ofrecido esas “ayudas” a dirigentes franceses siguen negando los hechos. Un solo político en la persona de Mamadou Koulibaly, ex partidario del depuesto Laurent Gbagbo (ahora ha formado su propio partido político), ha reconocido que en el año 2002, su gobierno contribuyó a la financiación de la campaña electoral de Jacques Chirac. Bourgi era el intermediario de ese tejido de las relaciones entre Francia y sus ex colonias en África, conocido como Françafrique. La Françafrique fue una política adoptada por De Gaulle para seguir controlando a sus ex colonias, ya que se vio en la obligación de otorgarles la independencia en los años 60. Mediante esa política, Francia les otorgaba la independencia por un lado, pero por el otro encarga a Jacques Foccart la sucia tarea de hacer lo contrario de lo que se puede llamar independencia. Foccart era conocido como el Monsieur Afrique de De Gaulle; suena a alguien que viene a salvar al continente, por eso muchas de sus actuaciones se han ocultado durante todo el tiempo que ha seguido trabajando con los sucesivos gobiernos después de De Gaulle.
Muchos dirán que esas informaciones son poco creíbles, no sin razón, porque el señor Koulibaly puede estar actuando por rencor. Después de financiar la campaña de Chirac, él y sus partidarios han tenido el beneplácito del clan Chirac hasta que ese último decidió intervenir en Costa de Marfil por la muerte de algunos militares franceses de parte de soldados marfileños. Fueron tiempos de varios malentendidos que enfriaron las relaciones entre Francia y Costa de Marfil, hasta que llegó al poder Sarkozy en 2007. El propio Gbagbo reconoció que ese cambio de gobierno en Francia fue un gran alivio para él, porque con Chirac, “no llegaba a dormir bien”. Parece que se equivocó porque se le olvidó que Francia siempre está lista para intervenir en sus antiguas colonias. Fue lo que hizo Sarkozy el 11 de abril de 2011, al derrocar a Gbagbo que después de perder las elecciones de noviembre de 2010, no quería cederle el poder a su contrincante Allassane Dramane Ouattara (ADO).
Estando entonces en la oposición, puede ser que el señor Koulibaly, antiguo partidario de Gbagbo quiera desquitarse, acusando a Chirac y compañía. Sin embargo, con las declaraciones del señor Bourgi (al que acusan también de haberse callado hasta ahora por algunos intereses, aunque algunos dicen que lo venía haciendo desde 2006), todo parece indicar que en materia de Cooperación Internacional, no solo Francia contribuía al desarrollo de sus ex colonias africanas, sino que en el terreno político, algunos dirigentes africanos contribuían también a la financiación de las campañas electorales francesas. Aunque, hay que reconocer también que los asuntos relacionados con la política son muy complicados, y más aún cuando tienen que ver con intereses opuestos, cuando se relacionan a su vez con el dinero. Sino, ¿cómo explicar la posición del señor Bourgi, que a la vez que asegura ser el portador de esas maletas de millones de dólares desde África hacia Francia, se atasca diciendo que no tiene pruebas para confirmar lo dicho? Pero lo cierto es que ha afirmado haber entregado 20 millones de dólares a Chirac y De Villepin. Cuando él hace unas afirmaciones tan graves, debería tener pruebas; por eso De Villepin, en su legítima defensa, aprovecha para exigir esas pruebas
Sin embargo, lo que viene a confirmar esa situación, es que la principal característica de la Realpolitik en las Relaciones Internacionales, nada tiene que ver con el tamaño de los países, pero sí con los recursos con que disponen: es la política de saber dar y saber recibir, todo, en el momento adecuado. En pocas palabras, es la vieja política de “la carotte et le gros bâton” (de la zanahoria y el palo grueso). O sea, se trata de la misma política que permite ver a los pájaros tirando a las escopetas. Son situaciones que vivimos y que seguiremos padeciendo, ya que las cosas no son como debieran ser.
Muchos dirán que esas informaciones son poco creíbles, no sin razón, porque el señor Koulibaly puede estar actuando por rencor. Después de financiar la campaña de Chirac, él y sus partidarios han tenido el beneplácito del clan Chirac hasta que ese último decidió intervenir en Costa de Marfil por la muerte de algunos militares franceses de parte de soldados marfileños. Fueron tiempos de varios malentendidos que enfriaron las relaciones entre Francia y Costa de Marfil, hasta que llegó al poder Sarkozy en 2007. El propio Gbagbo reconoció que ese cambio de gobierno en Francia fue un gran alivio para él, porque con Chirac, “no llegaba a dormir bien”. Parece que se equivocó porque se le olvidó que Francia siempre está lista para intervenir en sus antiguas colonias. Fue lo que hizo Sarkozy el 11 de abril de 2011, al derrocar a Gbagbo que después de perder las elecciones de noviembre de 2010, no quería cederle el poder a su contrincante Allassane Dramane Ouattara (ADO).
Estando entonces en la oposición, puede ser que el señor Koulibaly, antiguo partidario de Gbagbo quiera desquitarse, acusando a Chirac y compañía. Sin embargo, con las declaraciones del señor Bourgi (al que acusan también de haberse callado hasta ahora por algunos intereses, aunque algunos dicen que lo venía haciendo desde 2006), todo parece indicar que en materia de Cooperación Internacional, no solo Francia contribuía al desarrollo de sus ex colonias africanas, sino que en el terreno político, algunos dirigentes africanos contribuían también a la financiación de las campañas electorales francesas. Aunque, hay que reconocer también que los asuntos relacionados con la política son muy complicados, y más aún cuando tienen que ver con intereses opuestos, cuando se relacionan a su vez con el dinero. Sino, ¿cómo explicar la posición del señor Bourgi, que a la vez que asegura ser el portador de esas maletas de millones de dólares desde África hacia Francia, se atasca diciendo que no tiene pruebas para confirmar lo dicho? Pero lo cierto es que ha afirmado haber entregado 20 millones de dólares a Chirac y De Villepin. Cuando él hace unas afirmaciones tan graves, debería tener pruebas; por eso De Villepin, en su legítima defensa, aprovecha para exigir esas pruebas
Sin embargo, lo que viene a confirmar esa situación, es que la principal característica de la Realpolitik en las Relaciones Internacionales, nada tiene que ver con el tamaño de los países, pero sí con los recursos con que disponen: es la política de saber dar y saber recibir, todo, en el momento adecuado. En pocas palabras, es la vieja política de “la carotte et le gros bâton” (de la zanahoria y el palo grueso). O sea, se trata de la misma política que permite ver a los pájaros tirando a las escopetas. Son situaciones que vivimos y que seguiremos padeciendo, ya que las cosas no son como debieran ser.
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