Del dicho al hecho, un trecho.
El actual papa Francisco ha demostrado estar
abierto y ser tolerante hacia la homosexualidad, cuando decía que él no era
Dios para juzgar a esas personas. Pero las puertas del Vaticano no se quieren
abrir, para recibir al nuevo embajador homosexual nombrado por Francia.
En efecto, Laurent Stefanini lleva ya 3 meses después
de su nominación, esperando ser recibido. El señor Stefanini es conocido en el
Vaticano por haber ejercido otras funciones anteriormente; de hecho, era muy
apreciado. Por eso desde el Vaticano se argumenta que su “no recibimiento” se
debe a otra razón: su apoyo público al matrimonio homosexual aprobado ya en
Francia, en el año 2013. Menos mal, no se trata entonces de su orientación sexual.
Sin embargo, la cuestión de fondo puede ser la
misma: la homosexualidad. En el año 2007, ocurrió lo mismo con otro embajador
homosexual propuesto por Francia. El Vaticano se negó a recibirlo, y Francia tuvo
que ceder y nombrar a otro embajador. Por eso esta vez, Francia no quiere
cambiar su posición.
Ambas partes están de acuerdo sobre el hecho que
el nuevo embajador es un hombre soltero y muy discreto. De ahí, la siguiente pregunta:
¿se está juzgando el atrevimiento (valentía) del nuevo embajador de haber
apoyado la felicidad de otras personas?
En todo caso, se trata de lo mismo de siempre. Oficialmente
y abiertamente, se habla de la libertad que tienen las personas a la hora de
conducir sus vidas; una libertad que siempre debe acompañarse de un trato
igualitario. Pero oficiosamente y de manera oculta, se actúa de otra manera,
dificultando el alcance de esos objetivos.
Una cosa es entonces lo que se dice, y otra cosa,
lo que se hace. Y la espera del nuevo embajador Stefanini lo demuestra. Por eso,
del dicho al hecho, hay un trecho.

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